Durante muchos años, los animales de compañía fueron considerados para el Derecho como bienes, específicamente como bienes semovientes, logrando que su valor prioritario en caso de divorcios o separaciones fuese el económico, sin prestar atención al valor sentimental. Esta situación dejaba a las mascotas sin una regulación que cuidase de su bienestar.

Pero eso es algo que ha cambiado este 2022 gracias a la entrada en vigor de la nueva Ley de Protección y Derechos de los animales. Dicha ley ha llevado a la modificación del Código civil, Ley Orgánica del Código Penal, la Ley Hipotecaria, entre otras, a considerar a los animales de compañía como seres vivos dotados de sensibilidad.

La reforma establece obligaciones a los propietarios para su cuidado, al mismo tiempo que ayuda a aclarar cuál será su destino en crisis matrimoniales que no tienen un final feliz.

¿Qué pasa cuando los dueños se separan?

Esta ley representa un gran logro para los amantes de los animales, y es que no solo ejerce una mayor protección en las mascotas, sino que castiga con más severidad a quienes atenten contra su seguridad (maltrato o abandono). Es una ley muy extensa que trata de abordar diversos aspectos, y uno de ellos está dedicado a la custodia de estas de ocurrir el divorcio o separación de sus propietarios.

Se estima actualmente que las mascotas son miembros de la familia, y, por lo tanto, si esta decide distanciarse, su destino será regulado como se lo haría de cualquier otro miembro. Es decir, será el objeto de una custodia.

Ya sea se trate de un perro, gato, tortuga, pájaro o pez, la custodia se regulará y se determinará un régimen de visitas. También se considerarán los gastos que estas mascotas implican, así que, deberían ser compartidos. Incluso, de existir una disputa entre las partes que reclaman la custodia, es un motivo válido para tener un litigio.

Lo cual reduce la condición de millones de animales de compañía a si la pareja es capaz de llegar a un acuerdo por sí solos o no.

Con acuerdo

En el caso de que los conyugues lleguen a un acuerdo amistoso, siempre y cuando respeten las regulaciones básicas implicadas, serán libres de decidir el destino del animal.

La decisión necesita tomar en consideración el interés de los miembros familiares y el bienestar del animal. Esto es lo principal al acordar los tiempos de convivencia y su cuidado en caso de enfermedad.

Una vez el acuerdo sea planteado, será aprobado por el juez y aprobado. Solo puede ser negado, si este considera que el acuerdo es perjudicial para el bienestar de la mascota. De ser así, se ordenarán las pautas a aceptar y adoptar.

Sin acuerdo

No siempre las parejas están en la misma sintonía sobre la custodia de sus animales de compañía. No encuentran un punto medio entre el régimen de visitas o un monto para los gastos de su salud, y de esto ocurrir, será el juez el que determinará las medidas a tomar.

Entonces, el juez tendrá la última palabra sobre las prestaciones alimenticias y el tiempo compartido. Tal cual como si se tratase de un menor de edad.

Dichas medidas serán siempre priorizando el bienestar del animal y considerando cuál parte es la más adecuada para tener la custodia de este.

Otras preguntas por responder

Más dudas han nacido con esta reforma relacionadas con cuáles animales contempla o qué ocurriría si una de las partes cree tener más derecho que la otra. A continuación, una solución para estas:

¿Cuáles animales son incluido en la reforma?

Al hablar de animales de compañía es común que se piense en gatos y perros. Pero ¿qué ocurre al tener otro tipo de mascota? La regulación usa el termino de “animales de compañía” sin distinción alguna, por lo que se incluye bajo los mismos estándares a mascotas como tortugas, peces, conejos, cobayas, loros y periquitos.

Incluso la ley contempla a los animales exóticos, como serpientes, tarántulas y cerdos vietnamitas. Siempre y cuando puedan tenerse de manera legal, la ley los resguardará.

¿Qué pasa si el animal era propiedad de una de las partes antes de la unión?

Si la mascota en cuestión pertenecía a una de las partes antes de unirse, la regulación expresa que independientemente de esto, las medidas serán establecidas en favor del animal. Con ello, se valora y protege a las afectividades que haya desarrollado la mascota con los miembros de la familia.

Un factor que considerar es si hay menores de edad en el núcleo, y cuál ha sido la relación entre ellos. El afecto especial que los niños tienen con los animales de compañía posee un gran peso en la decisión final.

Si dos hermanos o amigos compartían a una mascota ¿quién se queda con ella?

Ocurre lo mismo que se ha explicado, ambas partes deben llegar a un acuerdo que priorice el bienestar del animal y de no hacerlo, el juez lo determinará.

De darse la situación de que el animal haya sido una herencia, no se puede forzar legalmente a su venta para la repartición de la ganancia. Los animales han dejado de ser vistos como bienes embargables o hipotecables.

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